Hay una brecha enorme entre lo que las empresas creen que están haciendo con inteligencia artificial y lo que hacen de verdad. La mayoría ha llegado hasta “algunos empleados usan ChatGPT cuando se acuerdan” y ahí se ha quedado. Esa brecha es un negocio, y no hace falta saber programar para meterse en él.
Este artículo va de eso: qué servicios de IA se venden de verdad, a quién, cómo ponerles precio y qué errores hunden a la mayoría de quienes lo intentan. Sin promesas de ingresos pasivos ni capturas de pantalla de facturación.
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